APRUEBO: LA LECCIÓN CHILENA

A finales de diciembre del 2019, visité Santiago de Chile. Al recorrerlo recibí un gran impacto: las casas, los murales, las entidades gubernamentales e incluso, ¡hasta las estatuas y monumentos estaban pintados con leyendas alusivas a la protesta social que se estaba presentando desde meses atrás! Alfredo Sfeir Younis, un gran conocedor de la dinámica de este país, como quiera que fue candidato a la presidencia en años pasados, y, además, un agudo observador de la realidad chilena, se encargó muy amablemente de guiarme para recorrer sus calles, visitar la Plaza Italia que ahora han bautizado como Plaza de la Dignidad, donde se reunían hasta un millón de personas que exigían un cambio estructural en el funcionamiento del país. En ese recorrido, mientras le tomaba el pulso a esta realidad, me preguntaba: ¿cuál será el futuro del mundo ante tanta desigualdad social, y especialmente, de economías tan frágiles como las de los países latinoamericanos?

 

La desazón, la desesperanza y el temor que experimentaba, también se acompañaban de otra inquietud, ¿cuál será el camino para la transformación basada en la justicia, y en el mejoramiento de las condiciones de vida de la gran mayoría de la población? Los hermanos chilenos nos han mostrado un camino: la unión y la presión de la gran mayoría de la población, logran socavar y cambiar las viejas estructuras políticas, basadas en las prebendas y el favorecimiento de quienes detentan el poder económico y político. Este valeroso pueblo ha tenido un largo recorrido en la búsqueda de la igualdad y la justicia social. Su lucha comenzó con las marchas estudiantiles del 2006, las cuales alcanzaron su punto culminante con el advenimiento de otras fuerzas sociales progresistas que en el 2019, culminaron con el llamado a toda la población a un referendo, luego de un gran acuerdo en el congreso, que no tuvo otra opción que escuchar el clamor popular.

 

El 25 de octubre debe ser histórico para Chile, porque ese día sus 19 millones de habitantes, dijeron por una abrumadora mayoría del 78%, que aprobaban la redacción de una nueva constitución, para reemplazar la impuesta en 1980, bajo el régimen militar de Augusto Pinochet. Esta nueva carta magna será redactada por una convención ciudadana elegida por votación popular, en la cual habrá un grupo paritario de hombres y mujeres, que tendrán la gran responsabilidad histórica de legislar para mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos. Esta es la lección que Chile le envía al resto de países latinoamericanos: es posible transformar las estructuras de poder reinantes a través de un gran consenso nacional que tenga como único propósito la construcción de un país democrático e incluyente. Los colombianos debemos aprender esta lección de dignidad.  

 

 

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